El modelo que planifica afuera ahorra tiempo adentro

¿Pueden los modelos impresos en 3D reducir el tiempo en quirófano? Una revisión sistemática de ocho estudios sobre cirugía de pared torácica sugiere que sí: menos ajustes intraoperatorios, incisiones más cortas y tiempos operatorios menores en los grupos asistidos por modelos 3D. La muestra total es pequeña y faltan ensayos controlados, pero el patrón es consistente en tres de los cuatro estudios que presentaron grupo de comparación.

¿Pueden los modelos impresos en 3D reducir el tiempo en quirófano? Una revisión sistemática de ocho estudios sobre cirugía de pared torácica sugiere que sí: menos ajustes intraoperatorios, incisiones más cortas y tiempos operatorios menores en los grupos asistidos por modelos 3D. La muestra total es pequeña y faltan ensayos controlados, pero el patrón es consistente en tres de los cuatro estudios que presentaron grupo de comparación.

6/8/20265 min leer

El modelo que planifica afuera ahorra tiempo adentro

¿Pueden los modelos impresos en 3D reducir el tiempo en quirófano? Una revisión sistemática de ocho estudios sobre cirugía de pared torácica sugiere que sí: menos ajustes intraoperatorios, incisiones más cortas y tiempos operatorios menores en los grupos asistidos por modelos 3D. La muestra total es pequeña y faltan ensayos controlados, pero el patrón es consistente en tres de los cuatro estudios que presentaron grupo de comparación.

El problema: doblar titanio con el paciente ya abierto

Doblar una placa de titanio sobre el costillar de un paciente durante la cirugía parece algo de rutina. Lo es. Pero cada ajuste manual — doblar, medir, recortar, probar de nuevo — es tiempo con el paciente anestesiado, el equipo en espera y la sala ocupada.

En cirugías de pared torácica — corrección de pectus excavatum, estabilización de fracturas costales complejas, resección de tumores que invaden la caja torácica — ese tiempo puede acumularse. La anatomía de cada tórax es individual, tridimensional y difícil de capturar en los planos de una TAC convencional. Los implantes estándar se fabrican para una anatomía promedio que no existe en ningún paciente concreto.

Algunos grupos quirúrgicos empezaron a preguntarse si había forma de hacer ese trabajo antes de entrar al quirófano: con el tórax del paciente impreso en plástico sobre una mesa, sin presión de tiempo y sin anestesia corriendo.

El contexto: qué venía haciendo el campo

La reconstrucción de pared torácica reúne patologías con un problema de fondo compartido: la geometría individual importa más que el promedio. Las placas de titanio para fracturas, las barras de Nuss para el pectus excavatum y las prótesis de resección tumoral se ajustan manualmente en sala porque no existe otra opción en el flujo convencional.

La impresión 3D a partir de imágenes DICOM cambia ese flujo: permite fabricar un modelo físico del tórax del paciente específico, planificar el implante sobre ese modelo, y llegar al quirófano con una barra o placa ya conformada al perfil anatómico correcto. El modelo físico actúa como intermediario entre la imagen diagnóstica y la sala de operaciones.

La técnica lleva años consolidándose en ortopedia y cirugía maxilofacial. En cirugía torácica, la evidencia era escasa y dispersa. Esta revisión sistemática de 2021 intenta consolidar lo publicado hasta entonces.

Lo que hicieron

Un equipo de la Universidad de Campania Luigi Vanvitelli (Italia) realizó una búsqueda sistemática en cuatro bases de datos (PubMed, Scopus, Embase y Google Scholar) siguiendo el protocolo PRISMA. De 708 títulos identificados, 8 estudios cumplieron los criterios de inclusión.

Las patologías cubiertas fueron tres: pectus excavatum (4 estudios), fracturas costales (2 estudios) y tumores de pared torácica con resección y reconstrucción (2 estudios). Los materiales impresos variaron: PLA, resina fotosensible y polivinil acetato para los modelos de planificación; en un caso, prótesis de PEEK impresas directamente para implantación en un solo estudio.

En todos los casos excepto uno, los modelos 3D se usaron para planificación prequirúrgica — fuera del quirófano, extraoperatorios. El modelo se llevaba a sala para referencia, pero no se implantaba. Solo el estudio de Wang et al. (2019) utilizó material impreso directamente como prótesis definitiva.

Para médicos: lo que el estudio muestra

Diseño: revisión sistemática PRISMA. 8 estudios incluidos (5 prospectivos, 3 retrospectivos). Total aproximado de pacientes: ~213. Solo 4 estudios presentaron grupo control con tratamiento convencional. Calidad metodológica evaluada con el checklist Downs & Black: 6/8 estudios clasificados como "good" (19–23/28 puntos); 2 como "fair".

Tiempo quirúrgico: tres de los cuatro estudios con grupo control reportaron reducción estadísticamente significativa:

  • Chen et al. (fracturas costales, n=48): 175 vs. 125 min (p = 0.003); tiempo por placa fijada: 53 vs. 35 min (p < 0.001). Incisión también significativamente menor (14.2 vs. 8.7 cm, p = 0.002).

  • Bellia-Munzon et al. (pectus excavatum, n=130, mayor estudio de la revisión): 125 vs. 88 min (p < 0.0001); ajustado por número de barras: 78 vs. 42 min/implante (p < 0.0001).

  • Huang et al. (procedimiento de Nuss, n=357 total, 15 en grupo 3D): 74 vs. 60 min (p < 0.001); menos barras insertadas y corrección morfológica superior (ΔHoffmann Index: 10.06% vs. 20.34%, p < 0.001).

Ajustes intraoperatorios: 6 de 8 estudios reportaron fitting adecuado con mínima o nula necesidad de modificaciones en sala. En Bellia-Munzon (n=130), 92.3% de los pacientes no requirió ningún ajuste al implante; 7 necesitaron mínimo redoblado; 1 requirió remoción y reconfiguración intraoperatoria por anatomía extremadamente asimétrica.

Corrección morfológica: satisfactoria en todos los estudios. Solo Huang et al. la cuantificó con método estadístico comparativo. Los demás reportan resultado satisfactorio sin comparación formal.

Complicaciones: ningún estudio reportó complicaciones mayores intraoperatorias ni postoperatorias en los grupos asistidos por 3D. En el grupo convencional de Wu et al. (tumores de pared torácica), 4 pacientes presentaron complicaciones (infección o punción de tejidos por la placa de titanio) frente a ninguna en el grupo 3D.

Limitaciones reconocidas por el estudio: ausencia de ensayos controlados aleatorizados; muestras pequeñas en la mayoría de estudios; solo 4/8 con grupo control; variabilidad en software de segmentación, impresoras y materiales entre centros; sin análisis económico formal de costo-efectividad. Los autores concluyen que los resultados son prometedores pero que se requiere más evidencia para sostener las observaciones.

Conflicto de interés: ninguno declarado. Sin financiación externa.

Lo que esto abre

Si los hallazgos se replican en estudios con mayor poder estadístico, el argumento más fuerte para adoptar modelos 3D en cirugía de pared torácica no será la tecnología en sí, sino la aritmética del quirófano: el costo de producir el modelo se compara directamente con el costo del tiempo de sala ahorrado. Ballard et al. (2020) ya cuantificaron ese diferencial en ortopedia y cirugía maxilofacial — la revisión de Leonardi lo cita pero no lo desarrolla para el tórax. El siguiente paso lógico es un análisis costo-efectividad prospectivo, con costos de sala declarados y comparación entre centros con y sin acceso a impresión 3D. La pregunta que queda abierta no es si la tecnología funciona técnicamente — en eso la evidencia es consistente — sino a partir de qué volumen de casos el modelo se paga solo.

Referencia

Leonardi B, Carlucci A, Noro A, Bove M, Natale G, Opromolla G, et al. Three-Dimensional Printed Models for Preoperative Planning and Surgical Treatment of Chest Wall Disease: A Systematic Review. Technologies. 2021;9(4):97. doi.org/10.3390/technologies9040097

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